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miércoles, 18 de marzo de 2015

Interpretando los datos del DANE sobre crecimiento económico

A pesar de los buenos resultados anuales, los dos últimos trimestres del 2014 mostraron síntomas de desaceleración. Bienes épocas difíciles para los responsables de la política económica.
 
El día de ayer, el DANE dio a conocer los resultados de crecimiento económico del año anterior, crecimiento que normalmente se mide por el comportamiento del Producto Interno Bruto (PIB). Una buena noticia es la de que el crecimiento total del año pasado fue del 4,6%  con relación al 2013. Buen indicador,  en principio,  tanto dentro del contexto mundial como latinoamericano.  Este crecimiento es superior al promedio al que veníamos creciendo desde el 2000 (4,3), pero es exactamente igual al promedio geométrico al que ha venido creciendo la economía colombiana desde 1950.

Dada la tasa de crecimiento de la población proyectada por el DANE, del 1.2% anual,  el PIB per cápita mejoró un 3,6%, indicador también positivo.  Desde el 2000, el crecimiento per cápita ha sido del 3,1%. Quiere eso decir, que para lograr un PIB per cápita parecido al que hoy tiene un país como Chile (en términos de capacidad de compra), nos demoraremos unos 19 años y para alcanzar el actual de España 27 años, el de Estados Unidos 41 y el de Noruega (uno de los niveles de vida más altos del mundo), 47.
Al esfuerzo que tendremos que hacer por crecer, tenemos que sumarle el esfuerzo por mejorar sustancialmente la distribución del ingreso, si queremos que los más pobres de Colombia, por ejemplo el 20%  más pobre de la población,  tenga un nivel de vida semejante al que tiene el 20%  más pobre de un país desarrollado.  Si la estructura del ingreso sigue constante,  para que los más pobres de Colombia tengan un nivel de vida semejante al que tienen los más pobres de Noruega nos podríamos demorar algo así como 90 años.
Pero los datos del DANE también nos permiten hablar de la coyuntura inmediata. Lo que el DANE ha publicado es la suma total del producto del año 2014. Pero hay una particularidad: el primer trimestre del año fue particularmente bueno. Comparado con el primer trimestre del 2013, el crecimiento fue del 6,4%.  
Como lo he mencionado en varias entradas anteriores de este blog,  para medir la velocidad de un economía a mí me gusta más el crecimiento anualizado medido en un trimestre con relación al trimestre inmediatamente anterior, que es también el indicador que utiliza la Oficina de Análisis Económico,  es decir el DANE de los Estados Unidos.  Estos indicadores deben ser desestacionalizados, como efectivamente los publica el DANE. Esto quiere decir que se eliminan, por un procedimiento estadístico que no es del caso explicar aquí, las distorsiones derivadas por ejemplo de que siempre los últimos trimestres del año son buenos en términos de producción y ventas, y los primeros trimestres se caracterizan por lo contrario (baja producción y ventas).  
Para ilustrar mi punto quisiera utilizar un ejemplo. ¿A qué velocidad va su automóvil?  Hay dos maneras de mirarlo, el promedio de velocidad que tuvo usted durante la última hora. Basta mirar el reloj y el contador de kilómetros y sabrá cuántos kilómetros recorrió.  Pero si bien este dato es importante, a veces a usted le interesa saber a qué velocidad está en un preciso instante. Esta es la fuente de decisiones inmediatas, como saber si debemos desacelerar (porque estamos por encima de lo que indicaría la prudencia o los límites legales) o si tenemos margen para oprimir un poco más el acelerador.  El velocímetro nos indica ese dato.  Supongo que lo que hace este útil instrumento es algo así como multiplicar por 3600 la distancia recorrida en un segundo para saber la velocidad en kilómetros por hora.
Al gobierno, al sector privado, y  al Banco de la República les interesa  conocer también la velocidad de crecimiento en un momento determinado. El momento más pequeño que existe en términos macroeconómicos es un trimestre. No es realista pedirle al DANE datos sobre el PIB mensual, diario o semanal. El crecimiento de un trimestre con relación al anterior se multiplica por cuatro, o más precisamente, se eleva a la cuarta potencia.  
Pues bien, utilizando ese concepto de velocidad de crecimiento, es fácil ver en el gráfico adjunto que hemos desacelerado desde el segundo trimestre del año anterior. En el cuarto trimestre del 2014 la tasa anua era del 2,9%. Los efectos sobre el ingreso nacional de la caída del petróleo, y las menores expectativas de consumidores y productores comienzan a tener resultados. Son datos que tienen que examinar cuidadosamente los responsables de las políticas fiscal y monetaria, los dos instrumentos anti-cíclicos que tienen por excelencia las economías.
 
                                              Fuente: Elaborado a partir de datos del DANE.
 
En cuanto a la política fiscal, ya mencionamos en nuestra entrada anterior las limitaciones derivadas de un ahorro insuficiente en épocas de vacas gordas, además de la obligación de cumplir las restricciones impuestas por la regla fiscal, que le impiden al gobierno aumentar sustancialmente el gasto en estos momentos.  En cuanto a la monetaria, el dato de la inflación anual de Febrero, 4,36%  no debió caer bien en el Banco de la República, que puede enfrentarse a un dilema no deseable en los próximos meses: si sube las tasas de interés, corre el riesgo de profundizar las tendencias de desaceleración de la economía. Si decide mantenerlas en los niveles actuales o bajarlas, podría aumentar las tendencias inflacionarias, pero por encima de todo, sacrificar su credibilidad, lo cual podría afectar las expectativas de inflación pronosticadas por los actores de la economía. Se necesitará  un pulso de cirujano para el manejo de la política económica en los próximos meses.

lunes, 9 de marzo de 2015

Caída en precios del petróleo y situación fiscal

La caída en precios, del petróleo, la devaluación del peso y el menor crecimiento económico tendrán efectos negativos en las finanzas del gobierno nacional.
 
Hemos mencionado en nuestras anteriores entradas los efectos de la baja en los precios del petróleo  sobre la tasa de cambio y las cuentas internacionales del país . Es el turno para hablar de la situación fiscal. Desde finales de Enero las tendencias en la baja de precios del petróleo y la mayor devaluación del peso se han agudizado. Ahora queremos tener en cuenta estos  desarrollos en el análisis de las finanzas del gobierno nacional.
Como referencia principal para esta entrada, me voy a apoyar  en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP),  que constituye el instrumento por excelencia de la planeación financiera del gobierno, en cumplimiento de lo establecido en la Ley 819 de 2003, de trasparencia fiscal. La última versión de este documento se puede encontrar en la página web delMinisterio de Hacienda
Como se puede apreciar en la página 151 de dicho documento, el precio del petróleo proyectado en ese momento como promedio para el 2014 era de US$97 y para el 2015 de US$99. De allí en adelante se iría a presentar un incremento anual de un dólar hasta el 2024. Se esperaba por otra parte que el crecimiento económico fuera del 4,7% en el 2014 y de 4,9% en el 2015. A partir de estas cifras se hicieron los cálculos sobre ingresos tributarios y de capital (por ejemplo, los dividendos recibidos por Ecopetrol), y las proyecciones de gasto del gobierno. Se supone que estas proyecciones deben permitir una correspondencia del gasto con la sostenibilidad de la deuda pública y con las metas de reducción del déficit fiscal estructural contempladas en la Ley de la Regla Fiscal (1473 de 2011). El déficit fiscal del gobierno nacional se calculaba en consecuencia en 2,4% del PIB.
Un mes más tarde, cuando ya el precio del petróleo había bajado sustancialmente, el gobierno presentó el proyecto de presupuesto . En el transcurso de dicho mes, el déficit  proyectado (aún calculando los recursos provenientes de la ley de reforma tributaria que el gobierno presentó  y que el Congreso aprobó) había aumentado en 0,5% del PIB. 
A pesar de los nuevos escenarios macroeconómicos derivados de la baja en el petróleo, de la devaluación del peso y del menor crecimiento económico proyectado para el 2015,  no se ha presentado todavía por parte del gobierno una actualización de dicho Plan Financiero. El único documento público (es decir, disponible en la página web del Ministerio) que hace referencia a estos nuevos escenarios es un comunicadode prensa publicado el 29 de diciembre, en el que se anuncia una reducción en la tasa de crecimiento proyectada (a 4,2%), y un aumento del déficit fiscal del gobierno nacional al 2,8% del PIB,  dato consistente con el mensaje presidencial. Este déficit sería cíclico (es decir, no estructural, volveremos sobre este tema más adelante),  y se explicaba por la caída en precios del petróleo frente a su nivel de largo plazo ( 0,5% del PIB) y por la brecha del ciclo económico, es decir, por un crecimiento de la economía por debajo se producto potencial, del  0,1% del PIB.   No aparece en este comunicado el efecto de los mayores intereses en pesos derivados de una tasa de cambio mayor. Tampoco aparece el efecto de las medidas de contracción (o de aplazamiento del gasto) que ha anunciado el Ministro de Hacienda.
En lo que sigue, vamos a hacer un esfuerzo por mostrar los efectos de  esta nueva situación de la coyuntura sobre las finanzas públicas, tomando como punto de referencia el MFMP de junio de 2014.  Nos centraremos en los efectos para el 2015. Los cálculos son necesariamente aproximados, en la medida en que no se dispone de la información detallada  que permita una mayor precisión.
La nueva coyuntura tiene tanto elementos negativos como positivos sobre las finanzas del gobierno.
Elementos negativos.
-       La caída en precios se refleja necesariamente en la rentabilidad del principal activo generador de dividendos que tiene el gobierno nacional: Ecopetrol. Estas menores utilidades se reflejarán en menores dividendos.
-       Las compañías petroleras y sus empresas proveedoras (por ejemplo, las compañías de servicios petroleros)  han visto disminuidos sus ingresos. Ello se reflejará tanto en sus declaraciones de renta correspondientes al 2014 (la baja en precios comenzó en  junio) como en los montos de retenciones pagadas durante el 2015.
-       Los montos en pesos de los intereses de la deuda externa aumentarán, puesto que el gobierno deberá adquirir los dólares necesarios para su giro a precios más altos.
-       La actividad económica disminuye. Primero cae el PIB con relación a la proyección (es de esperar que bajen las actividades de exploración y de explotación de petróleo), después el ingreso nacional (deterioro en los términos de intercambio, que se traduce en menores utilidades y  salarios de residentes en el país)  y por lo tanto la demanda interna por bienes y servicios, aún de aquellos sectores ajenos a la actividad petrolera. Lo anterior ocasiona que bajen los recaudos de impuestos, en especial aquellos que tienen una alta “elasticidad “ al ingreso nacional (renta, ventas, consumo, CREE).
-     En la medida en que una parte de la deuda pública está representada en dólares, esto puede ocasionar un deterioro en indicadores de sostenibilidad  como el de deuda/PIB. Si bien esto no tiene un efecto inmediato  en caja (aparte del incremento en intereses ya mencionado), si puede tener consecuencias importantes en términos de  los indicadores de riesgo país, y del esfuerzo que deben hacer las finanzas públicas por lograr una senda razonable de sostenibilidad de la deuda. Sobre este punto volveremos más adelante.

 Elementos positivos:
 
 En la medida en que una parte importante de los ingresos públicos se liquidan en dólares o por lo menos tienen una alta dependencia con el comportamiento de la tasa de cambio, el gobierno puede verse favorecido por la devaluación. Ejemplo de ello sería las utilidades en pesos de las compañías petroleras, y los impuestos ligados al comercio exterior (aranceles e IVA en productos importados).
 
Me he dado a la tarea de hacer algunos cálculos iniciales sobre los efectos  de la nueva coyuntura.
 
Caída en la tasa de crecimiento.
 
Calculando un crecimiento del  PIB en pesos  corrientes del  7% para el 2014 (crecimiento acumulado de los tres primeros trimestres del año), el PIB nominal del 2014 ya no sería de  $762 billones,  como lo tenía estimado el MFMP, sino de $756 billones. Por otra parte, ya el Banco de la República redujo las expectativas de crecimiento para el 2015 al 3,6%. (ver aquí), . Suponiendo que se cumpla la meta de inflación en su rango medio, es decir, que sea del 3% para el año 2015, el PIB nominal para este año ya no será de $823 billones como lo tenía estimado el MFMP y el mensaje presupuestal (pag 31) sino de $807 billones.
 
Ello tiene dos efectos: en primer lugar, los mismos números aumentan el déficit con relación al PIB. El  mismo monto de déficit proyectado, $22,9 billones  pasaría a ser de  2,8% del PIB, como bien lo reconoce el comunicado de prensa del gobierno del 29 de Diciembre, solo por este fenómeno.  
 
Dividendos de Ecopetrol
 
El año pasado el monto de dividendos por acción fue de $260 pesos. Para este año, el efecto combinado de menores utilidades y de un menor porcentaje de repartición de utilidades (para no afectar tanto los programas de inversión de la empresa) hizo que la Junta directiva le propusiera a los accionistas un dividendo de  solo $130 pesos. Como resultado de esto, el gobierno va a recibir solo $5,5 billones, monto que es la mitad del año anterior. El monto que había estimado el gobierno en el mensaje presidencial (pag 50) era de $9,6 billones.  
 
Caída en los ingresos tributarios.
 
Ingresos externos.  Aparte de los dividendos de Ecopetrol, el gobierno nacional tiene una “cobertura natural”,  con ciertos ingresos que están atados al comportamiento del dólar: los tributos pagados por compañías petroleras, y los aranceles y el IVA sobre productos importados. Desafortunadamente, lo más probable es que sea menor la cantidad de dólares que sirven para liquidar estos ingresos. En el caso de los impuestos petroleros, por los menores precios por barril, que se traducirán indudablemente en menores utilidades del 2014 y en menores retenciones en el 2015. En el caso de los productos importados, es de esperarse que la mayor tasa de cambio y la desaceleración económica se traduzcan en menores importaciones.
 
El efecto compensatorio esperable en el mediano plazo  de crecimiento en las exportaciones no debe reflejarse todavía en el 2015, salvo en ciertos productos como las flores, que pueden reaccionar rápidamente a la mayor competitividad cambiaria. En otros casos (confecciones, otros productos agrícolas e industriales), es necesario esperar a que los productores se decidan a invertir  y a conquistar nuevos mercados, y que esos esfuerzos fructifiquen.  Sería muy optimista pensar que las exportaciones  y por lo tanto los ingresos tributarios ligados a ellas van a reaccionar en el 2015.
 
Por todo lo anterior, hemos supuesto que los ingresos van a mantener su participación en el PIB en el 2015.
 
Ingresos internos. Suponiendo que continúe la misma relación del impuesto a  la renta, del CREE y del IVA interno con el PIB nominal, la caída en este se traducirá en unos menores impuestos de 0,1 puntos del PIB.
 
Mayores intereses
 
En los supuestos macroeconómicos del MFMP no está contemplada explícitamente la tasa de cambio proyectada para el 2015. Sin embargo, utilizando los datos en pesos y dólares (cuadro 3.9), que  proporciona información sobre los desembolsos e intereses proyectados en pesos y en dólares, es posible  concluir que la tasa implícita de cambio del MFMP era de $1956. 
 
Como cualquier economista sabe, es imposible predecir el comportamiento de la tasa de cambio. Suponiendo simplemente que se mantenga la tasa representativa de la fecha en que se escribe esta entrada  ($2565,61), el  gobierno tendría que desembolsar por intereses un monto superior en 6 billones adicionales (0,7 puntos del PIB).
 
El efecto combinado de todos estos factores es  de de $ 10 billones, equivalente a 1.3% del PIB con relación a las cifras del MFMP. De no mediar ningún recorte en el programa de gastos el déficit ascendería por lo tanto a un 3,7% del PIB.  

Un factor adicional: la deuda externa del gobierno central ha aumentado como consecuencia de la devaluación. Al finalizar el 2014  ya era de  38%  con relación al PIB, superior al 36,9% que se había planteado en el MFMP.  Al finalizar el año 2015, teniendo en cuenta el programa de desembolsos y amortizaciones  programado (cuadro 3.9 del MFMP), la devaluación en la tasa de cambio  y la disminución en la tasa de crecimiento la relación deuda/PIB será del 39%, cuando la senda de decrecimiento programada inicialmente suponía un 36,4 %.
 
Comparto con muchos analistas que señalan que no es realista ni conveniente que el gobierno se ciña a la senda de decrecimiento en la deuda pública planteada inicialmente. Ello exigiría un esfuerzo extraordinario de contracción del gasto, o de incremento en impuestos,  que tendría efectos recesivos. Las finanzas públicas serían pro-cíclicas en lugar de anti-cíclicas que es lo que normalmente se espera de ellas.  Afortunadamente estamos bastante lejos de las presiones que deben enfrentar países como Grecia o Venezuela. El déficit coyuntural para el 2015 y posiblemente para el 2016 debe ser mayor al planteado inicialmente en el PFMP.  
 
Pero es indudable que se justifica, estructuralmente, un grado de ajuste en el comportamiento del gasto público del gobierno central. No todo puede arreglarse con mayores impuestos. 
 
El propósito de la leyes de responsabilidad fiscal y de la regla fiscal es el de que ahorremos (o paguemos deudas) en las épocas buenas para que podamos desahorrar ( o endeudarnos)  en las épocas malas.
 
Ello supone que en lo que se refiere al petróleo, un determinante fundamental de las finanzas públicas,  como se ha visto, se debe definir cuál es su precio normal en el largo plazo, de tal manera que cuando se esté por encima de ese nivel  ahorremos, y cuando se esté por debajo nos gastemos esos ahorros o nos endeudemos.
 
En su primera reunión, celebrada en Mayo de 2013, el Comité Consultivo de la regla fiscal definió para dicho año un precio de largo plazo de US$99.  .
 
En la reunión celebrada en octubrede 2014, y cuando ya había empezado la descolgada del petróleo, el comité decidió que dicho precio fuera de US$97  .
 
Es cierto que las disposiciones sobre la regla fiscal nos llegaron bastante tarde, cuando ya había pasado gran parte del período de bonanza petrolera. Pero los datos recientes nos indican que estas proyecciones de precios del petróleo fueron demasiado optimistas. Y no forzaron  un ahorro, por lo menos en el 2013 y a principios del 2014. Es necesario aprender la lección.
 
Es urgente que el gobierno presente su actualización del plan financiero, y que el comité de la regla fiscal actualice sus proyecciones del cálculo del déficit estructural. El sector privado, los mercados financieros y los mercados estarán pendientes de estos datos.

Invito a los lectores a seguirme en twitter, en la cuenta @pachoazuero
 

domingo, 25 de enero de 2015

Caída en precios del petróleo, balanza de pagos, y tasa de cambio. ¿Qué está pasando? Tercera parte.


La caída en los precios del petróleo tendría inevitablemente consecuencias en la tasa de crecimiento del PIB y en en el ingreso nacional.


 
En esta primera entrada del año continuamos con el análisis de los grandes temas macroeconómicos que están afectando a la economía colombiana con motivo de la caída en los precios del petróleo y de  la devaluación que ella ha originado, tema que empezamos a analizar en  nuestras dos entradas anteriores. Recordemos que el déficit en la cuenta corriente del país con el resto del mundo ha aumentado, y la inversión extranjera, que financió (más bien sobre-financió) dicho déficit en los últimos años, ha caído. La disminución en la oferta de dólares y el aumento en su demanda, por retiro de capitales de corto plazo y por un comportamiento natural de muchos agentes por protegerse de la devaluación o por sacar partido de ella ha presionado aún más hacia arriba la tasa de cambio. 
Entonces, de la misma manera en que los ingresos de capitales impidieron en los años anteriores la devaluación en la tasa de cambio, la caída en la inversión extranjera y la salida de  capitales de corto plazo han explicado la sobre-reacción en el precio del dólar.
Ahora nos interesa mirar cuáles pueden ser las consecuencias de esta situación tanto en el crecimiento económico como en el ingreso de los residentes en Colombia.
Se supone que una mayor tasa de cambio debe permitir una mayor competitividad de las exportaciones colombianas diferentes a petróleo y carbón. Pero no es de esperarse que ese efecto se produzca en al corto plazo. La recuperación en exportaciones industriales y agrícolas puede tomar tiempo: los exportadores necesitan estar convencidos que la mejora en la tasa de cambio es duradera para acometer las inversiones necesarias y para comenzar a reabrir los mercados que se habían perdido. Por otro lado, no se puede contar con los mercados naturales que en el pasado fueron importantes para Colombia, como Venezuela y Ecuador. El primero llegó a representar un 17% de nuestras exportaciones en el 2008, pero en el 2014 esa participación era solo del 3,6%. La contracción del ingreso de los venezolanos, el cierre del comercio, las dificultades de pago a los exportadores y la devaluación persistente del bolívar explican este comportamiento. No hay posibilidad ninguna de recuperación en el corto plazo de las ventas hacia  Venezuela. En cuanto a Ecuador cuya participación e nuestras exportaciones descendió del  6,3% al 3,3% entre 2005 y 2014, también ha sido afectado por los precios del petróleo, con el agravante de que su dolarización le impide compensar esa caída con instrumentos cambiarios o monetarios. Su única respuesta posible es la contracción en su ingreso (devaluación interna, como se llama este fenómeno al interior de la zona euro), o el abandono del “fair play” frente al comercio internacional, como lo acaba de hacer al imponer un arancel “compensatorio” a las exportaciones colombianas, violando con ellos las  normas de la Comunidad Andina de Naciones. Vale la pena señalar que Colombia no reaccionó de la misma manera cuando se devaluó la moneda ecuatoriana (el dólar de los Estados Unidos) frente al peso en los años anteriores.
Por el lado de las importaciones, pueden disminuir, en principio por efecto precio (son más caras en pesos colombianos), y posteriormente por efecto ingreso, pero esto última sería consecuencia de la caída en el consumo interno y en la inversión privada, aspecto sobre el cual hablaremos más adelante.
En cuanto al crecimiento económico, solo disponemos de datos en este momento hasta el tercer trimestre del año anterior. Ese crecimiento anual es  del 4,2%. Pero en este blog, en ocasiones anteriores (ver aquí y aquíhemos trabajado con el “crecimiento trimestral anualizado”, que es el indicador que utiliza, por ejemplo la Oficina de Análisis Estadístico (BEA por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos.  Se calcula el dato el crecimiento de un trimestre con relación al trimestre inmediatamente anterior[1], y este dato se “anualiza”, es decir, se calcula cuál sería el crecimiento anual de continuar con la misma velocidad del último trimestre[2]. Una multiplicación por cuatro da una medida aproximada. En realidad se adopta un procedimiento semejante al utilizado para convertir una tasa de interés trimestral en una tasa efectiva anual, y el resultado es algo superior a la multiplicación por cuatro.  Es equivalente a lo que hace un velocímetro para saber la velocidad a que va un automóvil: no nos dice cuántos kilómetros se han recorrido en la última hora, sino que el dato de los kilómetros recorridos en un segundo se multiplica por 3600. Este dato del velocímetro es mucho más importante para determinar las reacciones del conductor, en términos de si le conviene acelerar o desacelerar.  También el crecimiento económico en el instante más pequeño posible (un trimestre es la medida más pequeña posible, desde el punto de vista técnico, para calcular las grandes variables macroeconómicas).
Obviamente, los datos resultantes son más volátiles, es decir, inestables, como lo muestra el gráfico adjunto, elaborado con este procedimiento. Pueden radicalmente entre un trimestre y el siguiente.
 
Fuente: Elaborado a partir de las cifras del DANE, cuentas nacionales trimestrales.
Después de un primer trimestre particularmente bueno en el 2014  (10,6% de crecimiento anual), se pasó a una caída en el segundo trimestre y a una modesta tasa del 2,6% en el tercero.
Todavía no es de esperarse que se vean los resultados en el PIB de una caída en los precios de los productos básicos que exporta Colombia. Ello por dos razones. En primer lugar, porque estas tasas de crecimiento miden el producto “real”, es decir, buscan aislar el efecto del comportamiento de los precios. Si el número de barriles que Colombia sigue produciendo, así haya caído el precio, el PIB real petrolero se mantiene. El PIB total es la suma de los PIB reales de cada uno de los sectores económicos.  Si un país sigue produciendo las mismas cantidades (en términos de barriles, toneladas, litros, etc), pero el precio de estas cantidades es menor, ello no afecta de manera directa la medición de su Producto Interno Bruto calculado en términos reales.  
Quiere ello decir que una caída de precios internacionales de los productos exportados no tiene ningún efecto en la calidad de vida de los habitantes de Colombia? Por supuesto que lo tienen. Pero para ello es conveniente utilizar otra variable macroeconómica diferente, se trata del “ingreso nacional”, que se define como el ingreso recibido por las unidades económicas (personas, empresas, gobierno), residentes en el territorio nacional.  
Para entender lo anterior, vale la pena recordar que la actividad productiva interna no se refleja totalmente en ingresos de las unidades económicas residentes. Las utilidades en Colombia de una empresa multinacional generan ingresos a un agente económico extranjero.  Lo contrario pasaría con una filial en el extranjero de una empresa colombiana (son ingresos de residentes en Colombia). Por otra parte, las remesas de los trabajadores colombianos que viven en el exterior aumentan los ingresos de sus familias, que estas pueden orientar hacia la compra de bienes de consumo, hacia la inversión (por ejemplo en vivienda) o hacia el ahorro.  Es decir, pueden aumentar, vía demanda, el producto interno bruto del país.
Por otra parte, el ingreso real de los agentes económicos que residen en Colombia, debe reflejar los cambios en la capacidad de compra en bienes y servicios frente al resto del mundo. Se deben reflejar por lo tanto las alteraciones que se presentan en los precios relativos entre los productos que exportamos (por ejemplo, café, petróleo, carbón) y los que importamos (insumos industriales u agrícolas, maquinaria, automóviles, etc). Esto nos mide la mejora o deterioro en "los términos de intercambio" del país.  Cuando el petróleo subió,  nuestros términos de intercambio mejoraron. Ahora nos toca vivir la situación inversa.
La caída en los precios del petróleo o del carbón debería reflejarse entonces en los ingresos de los agentes económicos que residen en Colombia. Si los consumidores tienen menos ingresos, demandarán menos bienes, lo cual obliga a los productores a reducir producción. Si las empresas saben que van a vender menos, disminuirán la inversión. Es posible que como resultado de todos estos procesos mejore la balanza del comercio exterior colombiano (especialmente por la caída en las importaciones), pero a qué velocidad, es imposible saberlo en estos momentos.   No voy a aventurarme con cálculos específicos sobre el efecto de todos estos fenómenos, que como habrá apreciado el lector, son bastante complejos e interrelacionados. Simplemente quiero citar que un  estudio del Fondo Monetario Internacional [3]de mediados del año pasado calculaba que una caída en los precios del petróleo de US10 podría reflejarse en una disminución en la tasa de crecimiento del PIB en medio punto, seis meses después del shock. Una baja de sesenta dólares significaría, por este solo hecho, una disminución de tres puntos en la tasa de crecimiento de la economía.
Todavía nos falta ver los efectos de esta situación en las cuentas fiscales del país. Este será el objeto de nuestra próxima entrada.


[1] Siempre y cuando se trabaje con datos desestacionalizados, es decir aquellos que aislan las fluctuaciones predecibles en un mismo período. Siempre se sabe, por ejemplo, que en Colombia normalmente la producción y las ventas aumentan en los últimos meses del año. El DANE publica datos trimestrales desestacionalizados.
[2] Ver Bureau of Economic Analysis. Concepts and methods of the US National Income and Product Accounts. Julio 2008. El lector interesado lo puede conseguir aquí. http://www.bea.gov/national/pdf/NIPAhandbookch1-4.pdf. La fórmula utilizada está en la página 77
[3] “Colombia: Assessing Spillover Risks”. Selected Issues Paper No. 14/467.Se puede consultar aquí. http://www.imf.org/external/pubs/ft/scr/2014/cr14167.pdf
 
 

domingo, 21 de diciembre de 2014

Caída en precios del petróleo, balanza de pagos y tasa de cambio. ¿Qué está pasando? Segunda parte.

Varios fenómenos explican la devaluación del peso colombiano frente al dólar registrada en los últimos 6 meses, que es de las más altas del mundo
 
Caída en precios del petróleo
Una de las conclusiones de nuestra anterior entrada era que Colombia padecía claramente los síntomas de la enfermedad holandesa: alta dependencia de las exportaciones de pocos productos  primarios (en nuestro caso, petróleo y carbón), revaluación de la moneda nacional, y consecuente caída en la capacidad competitiva de todos aquellos productos transables distintos a los primarios favorecidos en el auge de precios.   
Como es bien sabido, desde Junio de este año comenzó una caída en los precios del petróleo. La referencia WTI pasó de US$107 dólares en Junio 20 a US61,14 en la fecha. Esta  caída es explicada principalmente por factores de oferta. Hoy Estados Unidos está produciendo cerca de nueve millones de barriles por día, 56% por encima del nivel de 2012.  Por otra parte, el principal productor mundial, Arabia Saudita, está comportándose como un típico oligopolista líder en el mercado (modelo de oligopolio de Stackelberg, como se conoce en la literatura económica especializada): en lugar de disminuir su producción cuando aparece un competidor, para mantener los precios, decide aumentarla: se trata de sacar del mercado  a los competidores marginales, aquellos para quienes no es posible cubrir los costos a los nuevos precios. Se busca adquirir además una reputación de jugador duro, para disuadir a futuros competidores que piensen entrar cuando los precios se hayan recuperado. Algunos campos fracking en Estados Unidos pueden estar efectivamente dispuestos a salir del mercado, al menos temporalmente, pues los actuales precios no les garantizan un punto de equilibrio para recuperar sus inversiones.  
La caída en la demanda de petróleo originada por la recesión en Europa y en Japón y la desaceleración en China vienen a complementar lo sucedido en la oferta. Vale la pena mencionar que en el caso de China, el crecimiento en su demanda de petróleo entre 2005 y 2014 explicó el 36 de la demanda mundial, pese a que su participación en el PIB mundial es solo del 12%. 
Efectos en Colombia
 
Es lógico que la caída en precios del petróleo deba incrementar el déficit en cuenta corriente de nuestra balanza de pagos. Si bien no tenemos datos oficiales del Banco de la República, podemos mirar los flujos comerciales reportados por el DANE. Hasta Octubre, tanto el valor de las exportaciones como el de las importaciones habían caído el 20%.   Las exportaciones del sector agropecuario disminuyeron en un 16%, las del sector minero en 17%, y las de la industria en un 25%.  Las importaciones, hasta septiembre (último mes para el cual el DANE ha provisto información), han caído menos, un 20%.   
Pero los otros egresos de la cuenta corriente no tienen por qué disminuir en el corto plazo. Se trata de los giros al exterior por concepto de utilidades de las empresas extranjeras y los intereses de la deuda externa, tanto pública como privada. Las remesas de los trabajadores extranjeros (que son ingreso para la cuenta corriente) tienen un peso relativamente bajo en las cuentas totales del país, y no hay razón para que aumenten o disminuyan.  Vale la pena mencionar que las utilidades de empresas extranjeras representaron el 89% de nuestro déficit en cuenta corriente y el 2,5% del PIB en el 2013, mientras que los intereses por deuda externa eran el 19,2% del déficit y el 0,7% del PIB (volveremos sobre este tema en una nueva entrada, cuando hablemos del ingreso nacional).  
Un componente importante de la inversión que llegó al país en los años recientes fue la de corto plazo, también llamada inversión de cartera o “capitales golondrina”. El cuadro siguiente ilustra su comportamiento en los últimos años:

Fuente: Elaborado sobre cifras del Banco de la República 

El último año en que se presentó salida neta de capitales por este concepto fue en 2008, cuando con motivo de la crisis financiera mundial se produjo una retirada masiva de recursos de países emergentes y una consecuente devaluación de sus monedas, incluido el peso colombiano. Pero esa situación se revirtió de manera relativamente rápida. Entre 2011 y el primer semestre de 2014 entraron al país más de US$24 mil millones en inversión de cartera, atraídos por las altas tasas de interés vigentes en Colombia y por las perspectivas de revaluación.

 La rentabilidad en dólares de un inversionista extranjero de corto plazo se mide por la revaluación del peso colombiano aunada a la tasa de interés interna, que es mayor a la que se consigue, por ejemplo, en el mercado norteamericano. En el año 2012, por ejemplo, un inversionista extranjero que hubiera invertido a principio de año, en una inversión relativamente simple (un CDT de una institución financiera) habría obtenido una interesante tasa de interés en dólares del 16%, resultado de una revaluación del peso del 10% y de una DTF del 5,3%.  Esto motiva la llegada de más dólares, lo cual aumenta la presión hacia la revaluación. En la medida en que esta se detenga, y se produzca más bien una devaluación, originada por un choque externo como la baja en los precios del petróleo, los capitales que entraron en los años anteriores querrán devolverse.  Estos inversionistas ya no ofrecen dólares al mercado, sino que los demandan: quieren enviar sus recursos al exterior. Esto es complementado por el comportamiento de inversionistas colombianos, que quieren protegerse de la devaluación.  
Tenemos entonces cuatro fenómenos simultáneos, que han empujado hacia abajo el valor del peso colombiano: caída en las exportaciones de petróleo, giros de utilidades e intereses  que no caen, por lo menos en el corto plazo, caída en la inversión extranjera directa ligada a la exploración y explotación de petróleo y de carbón ( los bajos precios hacen que estas inversiones sean menos interesantes), y salida de recursos de inversión de cartera.

No es de extrañar entonces la devaluación del peso colombiano de un 24%  entre el 30 de Junio y la fecha. Dentro de los países incluidos en los datos económicos semanales de la revista The Economist, el peso colombiano es de las monedas más devaluadas en el último año, como lo muestra el gráfico siguiente:   

                                               Fuente: The economist, Indicadores económicos, 20 de Diciembre.  
¿Hubo un castigo excesivo al peso colombiano? Todo parece indicar que sí. En ocasiones anteriores hemos utilizado el índice BigMac de la revista The economist para saber si la moneda colombiana está sobre o subvalorada. Según la teoría de la paridad del poder de compra, el precio de los bienes transables debería tender a igualarse en los diferentes países que comercian entre sí. La canasta de bienes y servicios podría utilizarse como comparación, o bien una mercancía que sea estándar tanto en sus componentes como en su proceso de fabricación. La revista The Economist propuso en 1986 la hamburguesa BigMac del McDonalds. Hasta septiembre de este año la tasa implícita de equilibrio, resultante de dividir el precio en Colombia ($8900) por el de Estados Unidos (US$4,80) , era de $1854, lo cual indicaba una subvaloración del peso colombiano de un 6,3%. A partir de allí, la filial colombiana de esta cadena ha bajado considerablemente los precios, posiblemente por razones de competencia. Según información telefónica obtenida hoy, la Big Mac está costando $7900, precio que produce un resultado extraño en la tasa implícita: $1645.  Mientras se normaliza la situacion, preferimos quedarnos por ahora con la tasa implícita de septiembre, frente a la cual el peso colombiano estaría subvalorado en un 19%.  
El gráfico siguiente nos muestra la evolución de este indicador desde el 2002. Cuando la línea verde supera a la roja, como en el caso actual, el peso colombiano está subvalorado. En caso contrario, está sobrevalorado.
Fuente: Elaboración propia utilizando información de The Economist, información telefónica de McDonald's Colombia y TRM reportada por Superfinanciera 
En las próximas entradas continuaremos analizando esta coyuntura, mirando los efectos de esta situación en las proyecciones de crecimiento del Producto Interno Bruto y del ingreso nacional, así como en las finanzas públicas.
 
Feliz Navidad a todos los lectores de este blog.


sábado, 13 de diciembre de 2014

Caída en precios del petróleo, balanza de pagos, y tasa de cambio. ¿Qué está pasando? Primera parte.

 Esta entrada y la siguiente tiene como propósito explicar e interpretar, en los términos más sencillos posibles, dos fenómenos que están afectando el comportamiento presente de la economía colombiana: la caída en los precios del petróleo y sus efectos sobre la cuenta corriente de la balanza de pagos, sobre la tasa de cambio, y sobre las perspectivas de crecimiento. 

Aspectos básicos de la contabilidad de la balanza de pagos


La cuenta corriente de la balanza de pagos  registra todas las transacciones con recursos reales entre la economía nacional y el resto del mundo. Se agrupan allí las ventas y compras de bienes y servicios (exportaciones e importaciones), la remuneración al capital y al trabajo, y las transferencias netas (recibidas menos pagadas). En esta última categoría se contabilizan como ingresos las remesas que envían al país los colombianos que viven en el exterior.
Para entender el concepto de balanza en cuenta corriente vale la pena utilizar una ejemplo. Si usted, querido lector, tiene en un año ingresos por $60 millones y tiene gastos corrientes por $40, usted tiene un superávit en su cuenta corriente. (Ojo, si usted está pagando un crédito no incluya la amortización de la deuda dentro de los gastos, gracias a ese pago usted está disminuyendo su deuda, esta operación se contabiliza en la cuenta de capital, como veremos más adelante).
Si por el contrato usted, con el mismo nivel de ingresos, tiene un nivel de gastos de $80 millones, usted incurrió en un déficit. ¿Cómo pudo hacerlo?  Una de dos posibilidades: usted se endeudó con un banco o con sus amigos, o gastó una parte del ahorro que tenía guardado. En últimas, usted aumentó su endeudamiento neto con el resto del mundo (endeudamiento neto es la diferencia entre sus activos y sus pasivos). Al disminuir sus activos (porque gastó sus ahorros) o  al aumentar sus pasivos, usted registró una entrada neta de recursos de capital: el resto de la humanidad le prestó dinero. 
La cuenta corriente de la balanza de pagos es la suma algebraica de todos los superávits y déficits que registran durante un año los residentes en un país, sean personas naturales (como usted o yo) o empresas, o sea el gobierno de ese país (incluyendo gobierno nacional, departamentales y municipales).
Si un país tiene déficit, quiere decir que tiene un nivel de gastos que está por encima de los ingresos. Ello solo es posible si los agentes económicos están endeudándose con el resto del mundo, o están disminuyendo sus activos sobre el exterior (cuentas bancarias en el resto del mundo, dólares en efectivo, o las reservas internacionales que administra el Banco de la República). Hay varias maneras de endeudarse: es posible acudir a créditos  bancarios o a emisión de títulos de deuda en el exterior, pero también es posible que un inversionista extranjero decida establecer una relación de largo plazo en una empresa residente en Colombia, sea montando dicha empresa, o comprando una ya existente. Para quienes están familiarizados con la contabilidad empresarial, no es extraño que un aporte de capital de un socio se contabilice como un pasivo. Pues bien, lo mismo pasa en las cuentas de la inversión extranjera en el país: son un pasivo con el resto del mundo.  En el momento en que quisieran llevarse su dinero, venden o liquidan su empresa y se llevan sus recursos.
Esos pasivos, sea bajo la forma de deuda, o bajo la forma de inversión extranjera le dan a su dueño el derecho de recibir una remuneración: son los intereses o las utilidades, según el caso. Estos intereses y utilidades se registran como gastos en la cuenta corriente.
Las cuentas en Colombia
Ahora bien, la cuenta corriente del país registra saldos negativos desde el año 2001. Es decir, entre todos (personas, empresas y gobiernos) hemos gastado más de lo que nos hemos ganado. En principio, quiero aclarar, no hay nada inconveniente en tener saldos negativos. Una empresa próspera y en crecimiento puede tener erogaciones (sumando sus gastos corrientes y la inversión realizada en adquisición de activos fijos) superiores a sus ingresos, y ese déficit lo financia con endeudamiento o con aportes de capital de los socios. No hay  nada malo en eso. También un país  puede tener déficits, lo importante es saber si los gastos que está haciendo, especialmente en inversión de las empresas o del gobierno van a permitir aumentar los ingresos y por esa vía servir la deuda, remunerar al inversionista extranjero con utilidades, y continuar con el nivel de gasto corriente que le permita mantener unos niveles aceptables de consumo y de inversión a sus personas, empresas y gobierno. Es decir, el déficit debe ser sostenible.
Los saldos de la cuenta corriente de la balanza de pagos de Colombia se registran en este gráfico.
 

Fuente: Elaborado según cifras del Banco de la República.

Entre 2008 y 2013 se duplicó el valor del déficit. En los seis primeros meses de este año, ya íbamos en una cifra semejante al total del déficit del 2011.
Para valorar adecuadamente esta cifra, normalmente se utiliza el Producto Interno Bruto generado en el país. En 2008 el déficit era 2,6% del PIB. En el primer semestre de 2014 ya era del 4,2%. Y todavía los precios del petróleo estaban altos.

Un país como Colombia debe hacer sus pagos al exterior en una moneda internacional: normalmente se hacen en dólares. Es una situación muy distinta, por ejemplo, frente a Estados Unidos, cuya moneda nacional es aceptada internacionalmente como medio de pago. Sus ingresos provenientes del resto del mundo normalmente se hacen también en dólares.
 
Cuando yo tomé mis primeros cursos en Economía, los libros de texto nos decían que un déficit podría solucionarse automáticamente con la devaluación de la moneda nacional. Si había un exceso de demanda de dólares (para pagar las importaciones) sobre la oferta (generada por las exportaciones), lo lógico sería que la tasa de cambio (pesos por dólar) subiera, porque los dólares serían más escasos. Como resultado de ello, las importaciones se hacían más caras y las exportaciones podrían aumentar, porque disminuía su precio en dólares, haciéndolas más competitivas internacionalmente. Al final,  el déficit tendería a desaparecer, o por lo menos a disminuir.
Tasa de cambio. Revaluación con déficit en cuenta corriente. ¿Cómo es eso posible?

Pero en Colombia en los años recientes pasó todo lo contrario a lo que decían hace años los libros de texto. Entre Enero de 2009 y Junio de este año el peso colombiano se revaluó en un 22%. Incluso, si se toma como punto final de la comparación diciembre de 2012, la revaluación fue del 26%.
¿Qué pasó? La respuesta es muy simple. Los recursos que llegaron al país por la cuenta de financiación (inversión extranjera más deuda) fueron notoriamente superiores al déficit en cuenta corriente.  Es como si usted tuviera un déficit de $20 millones anuales y decidiera endeudarse en $40 millones.
Frente  a los déficit registrados en 2012, 2013 y 2014 (Enero-Junio) de $11 mil, 12 mil y 8 mil millones de dólares respectivamente, en cada uno de estos años entraron por la cuenta de capita $16 mil, $19 mil y $10 mil millones de dólares.
Una parte de ese exceso de dólares fue comprado por el Banco de la República, y ello evitó que la revaluación fuera mayor. Entre finales de 2008 y Junio de 2009 las reservas internacionales (allí se contabilizan los dólares comprados por el Banco Central), prácticamente se duplicaron, al pasar de $23 mil a $45 mil millones de dólares. El excedente en dólares que no fue comprado por el Banco, se quedó en el mercado, aumentando su oferta, y ello explica la revaluación. En términos reales (es decir, teniendo en cuenta el efecto de la inflación relativa de Colombia con relación a la de los países con los cuales comerciamos), el peso se revaluó en un 20%.
En una situación normal, esta revaluación hubiera castigado el monto de las exportaciones colombianas. Pero esta no es una situación normal: el gran auge de las exportaciones estuvo ligado a un incremento tanto en el precio como en la cantidad de petróleo y en menor medida, de carbón exportado. El valor de las exportaciones de petróleo y de carbón aumentaba (ellas no son sensibles a la tasa de cambio) pero el resto de exportaciones sí caía o en el mejor de los casos se estancaba. El resultado es que el sector minero (petróleo y minas y canteras, según la clasificacion del DANE) pasó de representar un 38% de las exportaciones en el 2009 a un 60% en el primer semestre de este año. 
El alza en los precios del petróleo y del carbón explican también el “exceso de financiación” y la llegada de dólares. Mientras el sector minero representaba solo el 3% de la inversión extranjera a principios de siglo, esa participación llegó a ser del 50% en 2013. El  alza en los precios de petróleo y carbón explicó la abundancia de dólares por dos vías diferentes: por el incremento en las exportaciones, y por la abundancia de inversión extranjera.

Estos son los síntomas claros de un malestar económico que fue identificado en el mundo desde los años setenta. Se llama enfermedad holandesa. La abundancia en exportación de recursos naturales se traduce en declive en la actividad industrial y agrícola, que queda rezagada debido a la revaluación de la moneda nacional.

En la próxima entrada entraremos a examinar la destorcida de esta situación producida por la caída en los precios del petróleo y otras materias primas, y lo que ella representa para el crecimiento de la economía colombiana en el inmediato futuro. 
 





















 
 
 
 
 
 
 
 
 
 



      






domingo, 30 de noviembre de 2014

Sistema de remuneración de Congresistas, Magistrados y Jueces, un círculo vicioso infernal


El actual sistema de fijación de los incrementos en remuneraciones para congresistas, altos dignatarios públicos y magistrados de altas cortes es perverso. Urge una modificación urgente, en pro de la sanidad de las finanzas públicas. 
Antes de la Constitución de 1991 el sistema de remuneración de los congresistas  dependía de leyes que ellos mismos expedían. Cada vez que decidían aumentarse los sueldos se generaba una amplia polémica nacional, pero no obstante lo anterior, se comían la vergüenza y as aumentaban los sueldos. No había normas en el reglamento del congreso sobre  conflictos de intereses ni sobre impedimentos.

Buscando resolver esta situación, la Constitución de 1991 en su artículo 187 le quitó esa responsabilidad a los congresistas.. Se estableció que su asignación salarial "se reajustará cada año en proporción al promedio ponderado de los cambios ocurridos en la remuneración de los servidores públicos de la administración central", según certificación que expida la Contraloría General de la República.
La remuneración del Congreso  por otra parte, determina automáticamente la de otros funcionarios públicos, como Magistrados de las altas cortes, Procurador y  Contralor. Arrastra, por su parte,  la de Magistrados de Tribunal, jueces, fiscales y procuradores judiciales, entre otros cargos.
Aparentemente, el problema estaba resuelto. No iba el país a estar expuesto  a los escándalos recurrentes derivados de que el Congreso se fijara sus propias  remuneraciones. Era de esperarse, por lo tanto, que los incrementos salariales fueran moderados.
¿Qué pasó entonces? Muy sencillo. A principios de los años 90 se realizaron incrementos importantes en la remuneración de todos los funcionarios de la rama judicial distintos a los magistrados, en proporciones que en muchos casos sobrepasaron del 100%.  El propósito era el de “nivelar “  la remuneración de estos funcionarios, de tal manera que no hubiera una diferencia muy grande con las de los magistrados de las altas cortes. Como consecuencia de lo anterior, un Magistrado de Tribunal, que en esa época ganaba $900.000, pasó a ganar $1,8 millones.  No es cierto, como lo dicen los dirigentes de Asonal Judicial, que el Gobierno Central hubiera incumplido la promesa de realizar una nivelación salarial que estableciera una diferencia razonable entre la remuneración de los magistrados de las altas cortes y la de los demás funcionarios de la rama judicial.
Aparte de esta situación, también se presentaron incrementos importantes en la remuneración real de los miembros de la Fuerzas Militares y de Policía y  de los trabajadores de la salud (1994). así como de los maestros (1995). Posteriormente, bien mediante leyes  o mediante decretos  del Gobierno, se han incrementado las remuneraciones de otros funcionarios públicos de la administración central nacional: ministerios, departamentos administrativos, superintendencias, establecimientos públicos, unidades administrativas especiales, comisiones de regulación, etc. En muchos casos, estos incrementos han sido plenamente justificados: se trataba de asegurar, dado el  perfil técnico de muchas entidades, que se aumentara la probabilidad de retener y atraer personal altamente calificado. En otras ocasiones, simplemente se trataba de responder a presiones políticas.
 Ello incidió directamente en el crecimiento de la remuneración ponderada de la administración central,  en los términos de la metodología utilizada por la Contraloría para  realizar el cálculo exigido por la Constitución.   Es decir, ello aumentaba el salario de los congresistas,  de los Magistrados de las Altas Cortes, del Procurador, y del Contralor.
 Como resultado de este proceso, mientras en 1991, un congresista se estaba ganando $714.665 en el 2013 se pasó a ganar $24.054.347[1] . Según mis cálculos,   y apoyándome en el DANE, el índice de precios al consumidor se multiplicó por  8,2  veces entre 1991 y 2013, mientras el ingreso nominal de un congresista se ha multiplicado por 33.  Quiere esto decir que, en pesos de 1991, un congresista se está ganando hoy $2.933.000.  El incremento en su ingreso real (es decir, descontado el efecto de la inflación) se ha multiplicado por un factor de 3,1. Han tenido un incremento real anual promedio del 6,6%. No hay nada que indique que su productividad haya crecido en la misma proporción.
En el mismo período, el salario mínimo real ha mejorado solo un  39%,  con una tasa anual de crecimiento del 1,5%. El resultado ha sido que, mientras en 1991 un congresista o un magistrado ganaba  13 salarios mínimos, hoy gana 41. Esta diferencia es escandalosa. Como lo señala un artículo de Luis Hernando Barretopublicado en Razón Pública, en la mayoría de países de la  la proporción entre los ingresos de los congresistas y los ingresos promedios de un país  está alrededor de 3 veces. En Colombia esta proporción está en 17
Esta situación es claramente insostenible. En primer lugar crea un incentivo perverso a los congresistas: periódicamente estarán presionando  a que se aumenten los salarios de cualquier sector de empleados del gobierno central, porque saben que ello incidirá en el promedio de incrementos,  con los cuales se les aumentará a su vez su ingreso. En segundo lugar, nunca será posible mantener la diferencia porcentual entre los magistrados de las cortes superiores y los otros empleados de la rama judicial. Se presentará una situación semejante el mito de Sísifo, se hará la nivelación, pero rápidamente crecerá la diferencia entre los magistrados de las Altas cortes y sus subordinados, lo cual generará otro incremento en la remuneración de estos, y así sucesivamente.
Es urgente cambiar este esquema perverso.  Propongo que se presente un acto legislativo que establezca que el incremento de los Congresistas y de todos los funcionarios que tienen sus ingresos atados a ellos se ajuste anualmente en un porcentaje igual al índice de precios al consumidor certificado por el DANE. Se mantendrá en el tiempo su ingreso real, que, como ya vimos, es suficientemente alto.





[1] Tomo esta información del artículo del archivo del diario El Tiempo. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13178157