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sábado, 22 de noviembre de 2008

La crisis de las pirámides (II)

Voy a referirme a algunos de los comentarios suscitados por mi anterior entrada.

Mi amigo Guillermo Torres hace una muy útil reflexión sociológica. Es posible que mucha gente, aún conciente del riesgo que significaba invertir recursos en un esquema tan claramente vulnerable, realizó una apuesta en la que creyó que siempre saldría ganando: si todo sale bien me gano una rentabilidad importante; si DMG quiebra le reclamaré al Estado, al que le puedo echar la culpa de mi decisión. Eso en economía se llama riesgo moral.

Para evitar situaciones futuras parecidas, el Gobierno debe aplicar de manera estricta las normas sobre liquidación de empresas, y no debe compensar a los ahorradores incautos sino con la proporción que le corresponda sobre los activos de la empresa. Hablar de preferencias para ciertos estratos, o de créditos “ágiles y asequibles para los colombianos que resultaron afectados”, como lo ha anunciado el presidente Uribe (ver aquí), no es sino otra manera en la cual se busca que el contribuyente pague por los errores de los inversionistas incautos. No nos digamos mentiras: esos créditos, cuya única fuente posible serán recursos públicos, no serán nunca pagados.

Oscar duda que DMG haya sido una captadora de fondos. Al respectos quiero llamar la atención sobre los hallazgos que hizo la Superintendencia Financiera en sus visitas, cuyas conclusiones están contempladas en la famosa resolución 1634 del 2007. El análisis de la Superintendencia establece lo siguiente:

“Se destaca que durante los primeros cuatro meses del año 2006 los clientes no adquirieron mercancías, es decir, la sociedad no hizo entrega de bienes ni efectuó la prestación de servicios que jurídicamente hablando se puedan considerar la contraprestación que de acuerdo a los lineamientos del negocio aparentemente constituye la principal obligación a cargo de la sociedad DMG, máxime si se atiende al hecho de que según lo expuesto por los representantes de la sociedad, la tarjeta prepago nace de las necesidades insatisfechas de clientes que están ubicados en sitios geográficos que no cuentan con almacenes que suministren estos bienes o servicios”.

“En efecto, una vez verificadas las condiciones del negocio que conlleva la adquisición de la tarjeta prepago, se estableció que, contrario a lo afirmado por la sociedad Grupo DMG S.A., en el sentido de que las tarjetas prepago confieren el derecho de adquirir bienes o servicios,
los hallazgos de la visita permiten concluir que la adquisición de la tarjeta prepago no conlleva, en la gran mayoría de los casos, una contraprestación en bienes o servicios, pues contraviniendo la lógica del contrato celebrado, los dineros son conservados por la sociedad sin que se pueda constatar interés alguno de los clientes de obtener la entrega de los bienes supuestamente comercializados”.

“Para constatar lo afirmado, se observa que a lo largo del año 2006, las utilizaciones por venta y entrega de bienes son mínimas y representan el 13,6% de las sumas entregadas por el total de los adquirentes de la tarjeta prepago al 31 de diciembre de 2006 y el 14.7% a marzo de 2007”. (subrayado mío).

Es claro entonces que las famosas tarjetas prepago eran un instrumento de captación de recursos del público, puesto que solo marginalmente se utilizaban para la adquisición de bienes y servicios.


También ha surgido la duda sobre si el esquema utilizado por DMG correspondía o no una pirámide. Aclaremos primero que lo que constituye una pirámide es el hecho que opera bajo el principio de que el dinero pagado por los últimos inversionistas es utilizado para pagar retornos artificialmente altos a los inversionistas anteriores. Los primeros inversionistas son atraídos por la promesa de altos rendimientos. La noticia sobre estos rendimientos se propaga por correo de voz, y como son atraídos nuevos inversionistas, la promesa se puede cumplir a los primeros que invirtieron.

Gracias a este cumplimiento inicial, la reputación de la pirámide va creciendo, lo cual atrae a nuevos inversionistas. Pero siempre llegará un momento en que es imposible captar recursos adicionales para pagar los pasivos existentes, los cuales están creciendo a una tasa exponencial. En esos momentos, la pirámide se derrumba, y lo más probable es que sus promotores huyan con una proporción importante de los recursos captados.

Una contabilidad adecuada de la empresa promotora de la pirámide permitiría descubrir desde el principio la fragilidad de este esquema. Al contabilizarse en el pasivo las deudas y rendimientos causados, los pasivos de la empresa erosionan rápidamente el escaso capital que hayan puesto los promotores, y el patrimonio se torna negativo. Los inversionistas ya están perdiendo dinero desde el primer día, así no lo vean. Esto explica porqué nunca las pirámides llevan contabilidad, o si lo hacen, esta es imprecisa.

En el caso de DMG, la Superintendencia Financiera encontró, en las dos primeras visitas, realizadas en Mayo y en Julio del 2006, que la empresa “no le suministró toda la información financiera y contable requerida….argumentando que su contabilidad no se encontraba al día en el momento de la visita” ( Considerando sexto de la Resolución)

Por otra parte, el punto 10.4.7. de la resolución transcribe esta diálogo entre los visitadores y el revisor fiscal y el contador de DMG:

Igualmente, al preguntárseles que “¿Con una rotación tan corta del pasivo diferido y con unos activos que no pueden hacerse líquidos como el caso de los cargos diferidos y otros que se madurarán a largo plazo como los deudores, la entidad cómo hace para atender esa demanda de bienes y servicios? ” a lo que contestaron “(…) Hay tres aspectos: 1) La rotación de los seis meses es la deseada más no la que se está dando. 2) hay pagos en efectivo por la no utilización de la tarjeta prepago y también hay pagos con la entrega de bienes. 3) El apalancamiento para atender retiros se da por la venta de nuevas tarjetas prepago y la recarga de las mismas tarjetas por clientes, es decir, por nuevos recursos que lleva el cliente. Por ejemplo: El cliente adquiere una tarjeta prepago por un millón de pesos, consume en bienes o servicios $800 mil pesos y luego recarga con otro millón de pesos (…).

Esto corresponde claramente a la definición de una pirámide.

La Superintendencia concluyó en el 2007 lo siguiente:

No obstante lo afirmado por los citados funcionarios del Grupo DMG S.A., lo cierto es que en el evento de presentarse retiros por montos importantes de estos dineros por parte de los clientes, no se observan recursos suficientes que permitan a la sociedad cumplir con dichas obligaciones, pues el apalancamiento depende de la venta de las tarjetas prepago. Además, los “Diferidos” cuantificados en $5.859.8 millones, por su naturaleza, no proporcionan efectivo y los “Deudores” por $5.262.6 millones madurarán en dos (2) años, según se desprende de lo manifestado por los mismos funcionarios.

Los deudores a que se refiere la Superintendencia Financiera son otras empresas del grupo DMG, como lo reconocieron los funcionarios de la captadora a los visitadores. Si se tratara de una entidad financiera, estaríamos frente a un caso de autopréstamo, que también es considerado un delito en nuestra legislación (una pregunta para los abogados lectores de este foro: ¿este delito también aplica a una captadora ilegal?. Si ello es así, porqué todavía no está contemplado dentro de los cargos contra el promotor de DMG?)

Los interrogantes de porqué no se intervino a tiempo a esta empresa, pese a que, como lo mostramos en nuestra anterior entrada, la Superintendencia Financiera tenía todas las herramientas jurídicas para hacerlo, siguen abiertos. El comentarista Juan López proporciona unas hipótesis interesantes, pero la discusión continúa. Ojalá el debate que se desarrollará en el Congreso de la República la semana entrante contribuya a responder esta pregunta.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Acerca de las hípotesis planteadas por Juan López, creo que no están muy lejos de la realidad. Por una parte se encuentran funcionarios "temerosos" tanto por los antecedentes (por ejemplo el caso Granahorrar), y por otra parte lo que significaría enfrentarse a abrir esta "caja de pandora".
A lo que me refiero con "abrir la caja de pandora" no es solamente la crisis social que se ha desatado por los miles de inversionistas que han protagonizado manifestaciones, movilizaciones y hasta enfrentamientos apoyando a la "gran familia DMG", si no a la cantidad de involucrados en el gobierno, en los medios, en el empreseriado y demás.
En la portada del periódico El Tiempo del día viernes 21 de Nov. se tiene como artículo principal: "DMG ordenó poner $760 millones para lobby en el congreso". Cuántos millones más se habrán repartido, y específicamente a quiénes? sería la pregunta que podría responder el por qué de la tardanza en las actuaciones del gobierno para evitar esta crisis. Mi respuesta a la pregunta del artículo anterior, es un sí rotundo. SÍ SE HUBIERA PODIDO EVITAR la crisis de las pirámides.

Anónimo dijo...

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